Indígenas de Tadó, con miedo y confinados por presión del ELN a pesar del cese al fuego.

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Un mes después del inicio del cese al fuego, la paz aún no llega a la comunidad indígena de Mesetas en Tadó, Chocó.

En medio de la esperanza que surgió con el anuncio del cese al fuego entre el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Gobierno, la comunidad indígena de Mesetas, ubicada en Tadó, Chocó, sigue viviendo bajo el miedo y el confinamiento. A pesar del acuerdo que comenzó el 3 de agosto, la paz aún no ha llegado a esta zona rural del Chocó, y los indígenas se encuentran atrapados en un conflicto que amenaza sus vidas y la de sus seres queridos.

El primer día del cese al fuego, la comunidad de Mesetas experimentó una incursión de hombres armados del ELN y del Ejército Nacional, lo que sembró el temor en sus corazones. La población, compuesta por 71 familias con un total de 198 habitantes, se vio obligada a refugiarse en las montañas circundantes ante el miedo de los enfrentamientos y la presencia de grupos armados en sus viviendas.

Jairo Tunay, gobernador del resguardo de Mesetas, relató el momento en que la violencia los alcanzó: “Se escucharon varios disparos y la gente empezó a correr, a llorar y a gritar”. Dos niños desaparecieron en medio de la angustia y se escondieron en un túnel hasta altas horas de la noche.

A pesar de que el cese al fuego entre el ELN y el Gobierno se extiende hasta el 29 de enero de 2024, la comunidad de Tadó sigue experimentando episodios de violencia y amenazas. El 23 de agosto pasado, se difundieron imágenes de la instalación de una bandera del ELN en la zona de Peñas del Olvido, lo que aumentó la preocupación de los líderes indígenas.

El temor ha llevado a la comunidad a realizar desplazamientos en busca de ayuda humanitaria, abandonando sus hogares y campos de cultivo. La falta de alimentos se ha convertido en una realidad diaria, y muchos niños están sufriendo de desnutrición y enfermedades debido a la difícil situación.

William Sintua, líder de la comunidad indígena, expresó su angustia: “Necesitamos que nos garanticen el alimento mientras estamos confinados. Hay miedo y por eso no podemos trabajar en el campo, no hay comida y estamos aguantando hambre”.

La presencia continua del ELN y otros grupos armados en la región ha llevado a un control social estricto en las comunidades indígenas. Los líderes locales han reportado reglas impuestas por la guerrilla, como no salir después de las 6 de la tarde, no subir a las zonas más altas de los resguardos y evitar movilizarse a más de 10 kilómetros de sus viviendas debido al temor de las minas antipersonal.

El aumento del reclutamiento de menores por parte del ELN ha añadido una capa adicional de temor y desesperación en las comunidades indígenas. Los líderes piden ayuda para proteger a los jóvenes y evitar que sean arrastrados a la violencia.

A pesar de la difícil situación, la comunidad indígena de Tadó sigue clamando por la paz y la atención de las autoridades. La falta de respuesta inmediata de las autoridades locales ante la creciente crisis ha dejado a estas comunidades vulnerables y en busca de soluciones que les permitan vivir en tranquilidad y seguridad en su propio territorio.

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