Avanza el proyecto de cúrcuma en Bojayá.

Cerca de 280 familias, afrocolombianos e indígenas, participan y se benefician del proyecto de producción y comercialización de cúrcuma en Bojayá.

Forman parte de dos asociaciones que nunca antes habían podido trabajar juntas: la Asociación de Víctimas del Conflicto Armado y Población en Situación de Vulnerabilidad (Asovivu). Asovivu, y la Asociación de Productores de San José (AsoproSanjosé). Actualmente están en producción diecisiete hectáreas distribuidas entre corregimientos y veredas a lo largo del río Bojayá.

Además de la raíz de la cúrcuma para la venta, están produciendo harina y aceite, que puede obtenerse de las grandes hojas de la planta y de la raíz.

La cúrcuma, llamado en algunos lugares ‘azafrán de maíz’ es una planta de grandes hojas que crece con facilidad en las regiones tropicales, incluso entre plantaciones de plátano. Con sus extractos, la industria alimentaria y textil crea colorantes de un naranja intenso, utilizado con frecuencia en fábricas en todo el mundo. Su raíz, que puede picarse, rayarse o molerse, es un condimento cada vez más común en la cocina y, al ser un ingrediente principal del curry, un baluarte de la gastronomía de la India.

Se ha utilizado también por las comunidades para tratar enfermedades y como pigmento, para ponerles color a sus artesanías.

Se suele confundir la cúrcuma y el azafrán e, incluso, creer que es la misma planta. Pero el azafrán es el condimento típico de las paellas; sus hebras rojizas provienen de los estigmas secos de una flor cultivada principalmente en Irán; se consiguen empacados en cajitas en cantidades muy pequeñas, y pueden alcanzar precios exorbitantes. Un kilo puede costar más de veinte millones de pesos.

 La cúrcuma ha sembrado en Bojayá un mensaje sobre las ventajas de la cooperación. “Que un afro le regale unas semillas a un indígena para que siembre un cultivo es histórico. Eso acá nunca se había visto”, dice uno de los líderes de Asovivu.

 El proyecto ha tenido el apoyo de la Corporación Reconciliación Colombia, de Ecopetrol, la Embajada de Suecia y el Programa Alianzas para la Reconciliación de USAID y ACDI/VOCA.

El proyecto de la cúrcuma en Bojayá, sin embargo, enfrenta todavía desafíos. Edwin Allín, de Asovivu, cuenta que la capacidad productiva de la zona está muy por encima de lo que sale de los cultivos y la planta en la actualidad. “Estamos produciendo unas tres toneladas al mes, y esa producción sobre todo nos la compra un laboratorio en Bogotá. Pero, si no nos demoráramos tanto para transformar la cúrcuma en harina y aceite, podríamos llegar fácil a las quince o veinte toneladas”. Edwin dice que la planta que construyeron con el apoyo de la convocatoria fue una gran ayuda, pero que necesitan ampliarla con urgencia para poder crecer. Agrega que a todo esto se suma ahora la emergencia por la pandemia, que les ha impuesto nuevos desafíos: “El tema de la comercialización está aún más complicado. Tenemos cinco toneladas pudriéndose en terreno porque no las podamos vender y sacar de aquí”.

Según el líder indígena Baldovino Dumaza, uno de los obstáculos sigue siendo la falta de compradores: “Apenas estamos organizando la comercialización. Entonces, para que nosotros podamos mejorar la calidad de vida de nuestras comunidades y nuestras familias, queremos que nos colaboren, que nos den la mano, que nos ayuden a fortalecer nuestro proyecto”.

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