En Bojayá cierran el duelo: familiares reciben 72 cuerpos identificados de la masacre.

Este lunes 11 de noviembre las víctimas de la masacre, ocurrida el 2 de mayo de 2002, recibirán los restos de sus familiares que murieron en la tragedia. Durante toda la semana, el pueblo afro realizará sus ceremonias tradicionales y el lunes 18 enterrarán, por fin, a sus muertos.

Diecisiete años y seis meses después, el duelo empezará a cerrarse. Para las víctimas mortales de la masacre de Bojayá, ocurrida el 2 de mayo de 2002, el descanso no ha llegado. No hasta que no se le hagan los rituales, los alabaos, los romances y los chigualos por parte de su comunidad afro en el Chocó. Sus familiares tampoco han descansado. Pero a partir de este lunes inicia el camino que permitirá, por fin, decir que los que murieron ese día han sido apropiadamente enterrados.
Este 11 de noviembre llegan a Vigía del Fuerte (Antioquia) un total de 99 cofres que contienen los restos de las víctimas de la masacre. De esos, 72 han sido plenamente identificados. En los demás cofres hay algunos sin identificar y otros con ángeles de cerámica en su interior como símbolo de los niños que no pudieron nacer, pues ese día murieron mujeres embarazadas. En ese municipio, empezarán las ceremonias tradicionales del pueblo afro. El próximo domingo 17 de noviembre será el velorio, al otro día, el 18, se realizará el entierro, y por las siguientes nueve noches la comunidad hará los rezos y los cantos para despedirlos.
“Esta entrega significa el descanso eterno de las personas que fallecieron el 2 de mayo, pero también el descanso eterno de los que seguimos viviendo, porque nosotros descansamos cuando nuestros hermanos descansen. ¿Y cómo descansan ellos? Cuando se le hagan los rituales”, explica Máxima Asprilla Palomeque, una de las cantaoras de esta comunidad y quien perdió a varios de sus familiares en la masacre.
En Bojayá cierran el duelo: familiares reciben 72 cuerpos identificados de la masacre
Verdad
11 Nov 2019 – 10:09 AM
Redacción Colombia en Transición
Este lunes 11 de noviembre las víctimas de la masacre, ocurrida el 2 de mayo de 2002, recibirán los restos de sus familiares que murieron en la tragedia. Durante toda la semana, el pueblo afro realizará sus ceremonias tradicionales y el lunes 18 enterrarán, por fin, a sus muertos.

En total, se entregarán 99 cofres, que contienen los restos de 72 cuerpos identificados, otros sin identificar y otros simbólicos en honor a los niños que no pudieron nacer por la explosión, pues ese día murieron mujeres embarazadas. Unidad de Víctimas
Diecisiete años y seis meses después, el duelo empezará a cerrarse. Para las víctimas mortales de la masacre de Bojayá, ocurrida el 2 de mayo de 2002, el descanso no ha llegado. No hasta que no se le hagan los rituales, los alabaos, los romances y los chigualos por parte de su comunidad afro en el Chocó. Sus familiares tampoco han descansado. Pero a partir de este lunes inicia el camino que permitirá, por fin, decir que los que murieron ese día han sido apropiadamente enterrados.

Este 11 de noviembre llegan a Vigía del Fuerte (Antioquia) un total de 99 cofres que contienen los restos de las víctimas de la masacre. De esos, 72 han sido plenamente identificados. En los demás cofres hay algunos sin identificar y otros con ángeles de cerámica en su interior como símbolo de los niños que no pudieron nacer, pues ese día murieron mujeres embarazadas. En ese municipio, empezarán las ceremonias tradicionales del pueblo afro. El próximo domingo 17 de noviembre será el velorio, al otro día, el 18, se realizará el entierro, y por las siguientes nueve noches la comunidad hará los rezos y los cantos para despedirlos.

“Esta entrega significa el descanso eterno de las personas que fallecieron el 2 de mayo, pero también el descanso eterno de los que seguimos viviendo, porque nosotros descansamos cuando nuestros hermanos descansen. ¿Y cómo descansan ellos? Cuando se le hagan los rituales”, explica Máxima Asprilla Palomeque, una de las cantaoras de esta comunidad y quien perdió a varios de sus familiares en la masacre.

Sin embargo, han enfrentado una dificultad con la Unidad para las Víctimas, entidad encargada de esta entrega. Para esta última, hoy solo son víctimas de la masacre los familiares de primer y segundo grado de consanguinidad, es decir, los padres, hijos, hermanos, abuelos y nietos de quienes murieron ese día. Lo que ello no tiene en cuenta es que, para las comunidades afro del Chocó, la familia es extendida. Su pueblo es su familia.
“Yo acostumbro a abrir la puerta de mi casa a las 5:30 a.m. y si yo a las 6:30 a.m. no he abierto la puerta, llega un vecino y toca ‘buenos días, ¿cómo amaneció, está bien?’ el vecino es familia muy cercana”, explica Asprilla. Según dijo, esa inconformidad quedó en manos de la Unidad de Víctimas.

Los restos serán enterrados en un mausoleo construido para 78 cuerpos – 72 de ellos identificados – y un lugar para lo que se conoce como la fosa número 75, donde hay restos que no pudieron ser asociados a los otros cuerpos identificados.

Quienes fallecieron ese 2 de mayo, en la iglesia de Bellavista, fueron enterrados en fosas comunes, trasladados después al cementerio, pero sin las precauciones para individualizarlos. Los cuerpos se mezclaron y ninguna entidad del Estado se encargó de exhumarlos e identificarlos. Cada año que pasó dificultó más el proceso de reconocimiento.

Solo hasta 2017, después de muchos años de insistencia por parte de la comunidad, sobre todo del Comité por los Derechos de las Víctimas de Bojayá, Medicina Legal exhumó los cuerpos y los trasladó a Medellín. Allí, según la directora de esta institución, Claudia García, se conformó un centro de trabajo de estudio forense para analizar 82 casos de personas desaparecidas. Dos años después, la directora anunció que 72 cuerpos fueron identificados exitosamente gracias a nuevas técnicas de análisis genético.

La masacre

En los últimos días de abril de 2002, los paramilitares navegaron por el Atrato con Bellavista (cabecera municipal de Bojayá) como su destino final. A su vez, miembros de los frentes 5, 34 y 57 de las Farc llegaban a Vigía del Fuerte, al otro lado del río.
El 30 de abril y el primero de mayo se escuchaban las ráfagas de fusil. Cerca de 400 personas se refugiaron en la iglesia de Bellavista. El 2 de mayo los paramilitares usaron como escudo a la población civil, que quedó entre ese grupo armado y los guerrilleros. El enfrentamiento solo cesó porque una pipeta lanzada por las Farc cayó en el techo de la iglesia y explotó. Murieron 79 personas y decenas resultaron heridas. La confrontación se detuvo ese día, pero la guerra no se fue del Chocó.

Cortesía El Espectador:

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