Conozca la historia de Aquileo, un líder indígena que fue arrebatado de su pueblo por la violencia.

Riosucio, Chocó, es conocido como la capital del Bajo Atrato y, desde hace varios años, el municipio recibe un buen número de desplazados afro e indígenas, los cuales huyen de sus comunidades porque la guerra está allí enquistada.

El conflicto lo padecen tres comunidades indígenas: los Emberá Katios, los Dóbida y los Woonan. Precisamente, Camizba es el cabildo mayor de la zona del Bajo Atrato y se ha convertido en el refugio de los desplazados.

Uno de sus fundadores fue Aquileo Mecheche, rector de una institución educativa del resguardo Jagual, Chintado.

‘Aquileito’ como le decían sus amigos, debió huir de su resguardo, en el que ya habían atentado contra su vida. Él creyó que Riosucio era seguro, pero fue asesinado a sangre fría el pasado 12 de abril del 2019.

Su familia y amigos lo lloraron amargamente. Cuando se enteró de su muerte, el gran reportero de la memoria del conflicto, Armando Jesús Abad Colorado, viajó hasta Riosucio y fue testigo de los hechos.

“Aquileo muere sólo, como están muriendo en nuestro país muchas personas que como Aquileo, que eran maestros, líderes, hablaban de resistencia, hablaban de autonomía”, puntualizó Abad Colorado.

Su comunidad lo recuerda como un hombre alegre, optimista, lleno de fuerza. “A la hora de bailar estaba listo, siempre era el primero en la fiesta y le daba animo a la gente, ahora como ya no existe pues le hace falta a la gente”, contó Bernilio Carpio, indígena Emberá.

La tragedia de este líder es la misma que se vive actualmente en varios territorios indígenas del país.

Riosucio, Chocó, es conocido como la capital del Bajo Atrato y, desde hace varios años, el municipio recibe un buen número de desplazados afro e indígenas, los cuales huyen de sus comunidades porque la guerra está allí enquistada.

El conflicto lo padecen tres comunidades indígenas: los Emberá Katios, los Dóbida y los Woonan. Precisamente, Camizba es el cabildo mayor de la zona del Bajo Atrato y se ha convertido en el refugio de los desplazados.

Uno de sus fundadores fue Aquileo Mecheche, rector de una institución educativa del resguardo Jagual, Chintado.

‘Aquileito’ como le decían sus amigos, debió huir de su resguardo, en el que ya habían atentado contra su vida. Él creyó que Riosucio era seguro, pero fue asesinado a sangre fría el pasado 12 de abril del 2019.

Su familia y amigos lo lloraron amargamente. Cuando se enteró de su muerte, el gran reportero de la memoria del conflicto, Armando Jesús Abad Colorado, viajó hasta Riosucio y fue testigo de los hechos.

“Aquileo muere sólo, como están muriendo en nuestro país muchas personas que como Aquileo, que eran maestros, líderes, hablaban de resistencia, hablaban de autonomía”, puntualizó Abad Colorado.

Su comunidad lo recuerda como un hombre alegre, optimista, lleno de fuerza. “A la hora de bailar estaba listo, siempre era el primero en la fiesta y le daba ánimo a la gente, ahora como ya no existe pues le hace falta a la gente”, contó Bernilio Carpio, indígena Emberá.

El crimen de Aquileo produjo en las calles de Riosucio una ruptura en los procesos que él lideraba y en su comunidad dejó un vacío que aún no se ha podido llenar.
Su partida violenta, llenó de temor a otros líderes que, como él, se juegan la vida minuto a minuto para proteger a sus comunidades.

Por otro lado, Pablo Antonio López es un líder afro del consejo comunitario La Larga Tumaradó. Él es uno de esos líderes que siguen el legado de Mecheche y no se rinden, pues entienden que sus comunidades lo necesitan.

“Cuando perdemos a un líder es un fracaso colectivo, pues cada uno tiene una memoria, un conocimiento que sirve a la comunidad. Esto genera miedo y temor, pues los que están no quieren continuar con el proceso”, afirmó López.

La lente de Jesús Abad siguió el cuerpo sin vida de Aquileito, que regresaba a su tierra por los ríos que tantas veces navegó, buscando siempre ayuda y denunciando las necesidades que tenía su resguardo.

“Chintado significa río de estrellas, así que por ese río de estrellas arrancamos y el bote en el que iba Aquileito Mecheche casi naufraga sobre ese río”, relató Abad.

Una de las situaciones que informó el reportero fue a Aquileo no lo iban a enterrar, lo iban a sembrar.

Aquí entiende uno que Aquileo regresó a la tierra sembrado a las malas por criminales de este país, que tienen nombre y que tienen rostro”, dijo.

Pero tampoco la tenían tan fácil los violentos, a los pocos días, el movimiento indígena se hizo sentir en el pueblo en el que fue asesinado su líder.

“Quiero decir a los que matan cobardemente, a los que asesinan de noche y por la espalda, que la guardia nunca se doblegará”, afirmó Luis Acosta, perteneciente a la guardia indígena.
La tragedia de Aquileito en Riosucio, Chocó, es la misma que se repite y no cesa en Colombia. Ahora la esposa y los cinco hijos de este inolvidable líder luchan por salir adelante.

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