Emergencia en el Bajo Atrato: comunidades del Río Truandó al borde del colapso ante incumplimiento en rehabilitación de vías fluviales.

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Las comunidades que habitan en la cuenca del río Truandó, principal arteria de movilidad en el Bajo Atrato, están en pie de lucha. El río, que históricamente ha sufrido taponamientos progresivos, hoy se enfrenta a un grave problema: el incumplimiento de un proyecto millonario para la mejora de su navegabilidad.

La cuenca del río Truandó alberga a 16 comunidades, entre afrodescendientes e indígenas, que dependen del río para su movilidad y subsistencia, basando su economía en la pesca, agricultura y extracción sostenible de maderas. Sin embargo, la sedimentación, la disminución del caudal y la alteración del ecosistema han afectado gravemente su economía y su calidad de vida.

En agosto de 2021, un contrato por valor de $12.025.219.373 fue firmado por el alcalde Conrad Valoyes Mendoza y la ASOCIACIÓN DE MUNICIPIOS URABÁ DARIÉN – CARIBE ASOMUDACAR con el objetivo de mejorar y rehabilitar las vías fluviales de los ríos Truandó, Chintadó y Quiparadó. A pesar de que el plazo de ejecución era de cinco meses, hasta la fecha, solo se ha avanzado en un 49%, dejando a muchas comunidades marginadas.

Las alarmas se encendieron cuando, el pasado 11 de agosto, diversos consejos comunitarios, apoyados por otros sectores, anunciaron la preparación de un paro cívico en respuesta al controvertido contrato. En una reunión el 16 de agosto, el Alcalde municipal acordó diversos compromisos, entre ellos, la entrega de 7 motores Yamaha y 7 botes para los consejos comunitarios y la asociación campesina ACAMURI, la gestión de asuntos en Bogotá y la provisión de recursos para construcción de casas comunitarias.

Sin embargo, a tan solo 3 días de cumplirse la fecha límite de algunos de estos acuerdos, reina la incertidumbre. Los trabajos en el río Truandó no han sido reiniciados, y persisten las dudas sobre la transparencia del proyecto y las denuncias de posibles actos de corrupción.

Frente a esta situación, se cuestiona el futuro de las comunidades del Bajo Atrato y si, una vez más, los campesinos de Riosucio serán víctimas de promesas incumplidas. La cuenta regresiva ha comenzado y la tensión se palpa en el ambiente.

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