Jefferson Cuesta Blandón, una historia de superación.

Jefferson Cuesta Blandón, es hijo de Hermogenes Cuesta Torrex y Edith Beatriz Blandón Romaña. Nacido un 29 de abril de 1983 en Vigía del Fuerte, uno de los dos municipios Antioqueños, ubicados en medio del departamento del Chocó y en zona general del río Atrato. Realizó sus estudios de primaria y secundaria en la Institución educativa de este municipio.

Para el año 2000 con diferentes hechos de violencia se agudizaba el conflicto armado en la zona del Atrato Medio (Vigía del Fuerte y Bojayá). La disputa de la región por parte de la entonces guerrilla de las FARC y grupos paramilitares, obligaron a cientos de campesinos a huir de sus comunidades.

Dos años después, producto de lucha por los territorios, se produce el genocidio de Bojayá, el 2 de mayo del 2002 donde las FARC, cometieron una de sus peores masacres, al asesinar alrededor de 119 civiles que se resguardaban de los combates en la iglesia de ese pueblo Chocoano.

Jefferson, fue uno de esos desplazados que además de por el temor a morir en medio de esa violencia, el hecho de ser un joven en formación, lo convertía en un apetitoso objetivo para los grupos armados al margen de la ley que los reclutaban para engrosar sus filas. Pese a estas circunstancias, Jefferson, siempre vio en la educación el mejor camino para materializar sus ideas y tuvo la intención de adquirir nuevos conocimientos para ponerlos al servicio de su comunidad. Con esa intención se desplazó hacia Cartagena de Indias.

En la ciudad amurallada, muchas veces sintió perder las fuerzas y estuvo a punto de desfallecer. Él, era un muchacho de pueblo, que se enfrentaba a una ciudad desconocida, donde para todo se necesita la plata y no existía la acostumbrada caridad del lugar donde creció; donde todos se conocen o tienen cierto grado de parentesco.

Pero con el tiempo aprendió a moverse en la ciudad, se adaptó y entonces retomo su propósito, estudiar. Se inscribió en CITUCAR un Centro de idiomas y turismo de la heroica Cartagena, para realizar una técnica de Análisis y programación de computadores.

Los retos que afronto en esos momentos, le ayudaron a comprender que la vida no está hecha solo de buenas intenciones, sino que para alcanzar sus metas debía emprender acciones, ser constante y persistente. Ahora tenía que contar con los recursos económicos que le permitieran pagar sus estudios y su propio sustento. Para ello le toco mezclar los estudios con el trabajo.

No es tan fácil conseguir empleo en Colombia, pero esto tampoco fue un obstáculo para Jefferson, pues se inventó una idea de negocio, vender pudines y galletas en las playas y colegios de Cartagena, productos que el mismo producía, fue ayudante de mensajería, vendedor de jugos naturales y agua en la playa de Boca Grande y por último término siendo auxiliar de carpero en la playa.

Su paso por Cartagena le duro 4 años. En 2009 se fue a vivir a Belén de Bajirá, uno de los territorios que hasta hace poco el Chocó, se disputaba con Antioquia, pero que hoy nuevamente está bajo la custodia del Chocó, como un corregimiento de Riosucio y a punto de convertirse en el municipio número 31 de este departamento.

En Bajirá, trabajo como administrador de un estadero de nombre kiosko kalipaz “el Chichalito” donde gracias a la acogida y aceptación que tuvo dentro de sus clientes se ganó el apelativo de DeeJay o DJ como es conocido por la mayoría de sus amigos.

En 2012 se radico en la cabecera municipal de Riosucio Chocó, donde vive desde entonces. Ahí estableció su negocio de asistencia técnica, venta de accesorios para Celulares y Tablet COMPULCEL Riosucio.

El pasado 26 de mayo, Jefferson Cuesta Blandón, superó otra de sus metas. Desde el 2016 tuvo que viajar todos los fines de semana hasta el municipio de Apartado, en el Urabá Antioqueño, para recibir clases de Contaduría pública en la Corporación Universitaria Remington.

Él es quizás, uno de los habitantes de Riosucio Chocó, que más situaciones le ha tocado vivir en la vía carreteable Riosucio – Bajirá. “Fueron días tranquilos de viajes y viajes con tropiezos, empujar carros, quedarse varado en mitad de la nada. En fin, todo lo que se vive al momento de viajar por esas carreteras” recuerda Jefferson entre nostalgia.

Pese a los diferentes logros académicos que ha alcanzado, solo en una ocasión ha logrado recibir un diploma de la manera tradicional, es decir, en medio de una ceremonia, con familiares, amigos, docentes y compañeros de estudio “En Quinto de primaria recibí mi diploma, en los grados de once, fue algo improvisado por lo de la violencia en Vigía, en Cartagena no pude graduarme con los compañeros porque no había logrado pagar entre otros el derecho de grado” señalo.

En esta ocasión, pensó que por fin se graduaría rodeado de familiares y amigos, se imaginaba una bonita ceremonia y ver en el rostro de sus viejos, un gesto de orgullo y felicidad, estar a acompañado por su compañera sentimental luz Enoris Caicedo Salas, a quien reconoce, junto con su familia, como aliados fundamentales en su nuevo logro.

Pero no fue así, y esta vez fue la pandemia del coronavirus lo que le arrebato esa ilusión. Lo que no logro, fue impedir que en su currículo se sumara el título de Contador Público.

Jefferson Cuesta Blandón, es un ejemplo a seguir y su historia podría servir de motivación para aquellas personas que hayan abandonado sus sueños o estén pensando hacerlo.

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