Comunidad del Alto San Juan (San Pedro de Urabá), quiere que el país conozca su historia.

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En la masacre ocurrida en la escuela de este corregimiento, fueron asesinadas 13 personas el 25 de abril de 2001.

En el Alto San Juan, vereda al sur del municipio de San Pedro de Urabá, la comunidad afectada por el conflicto armado trabaja para reconstruir la memoria de la masacre sucedida hace 18 años y de los demás hechos que afectaron sus comunidades.

Después de haber realizado por primera vez la conmemoración de la masacre, sucedida el 25 de abril de 2001, y lograr que esta se institucionalizara como el día de la memoria y solidaridad con las víctimas, la comunidad del Alto San Juan (veredas La Rula y El Rayo), ha emprendido el camino para reconstruir la memoria, y que el país conozca los hechos que allí sucedieron, incluida esta masacre que cobró la vida de 13 personas en la escuela de este corregimiento, además de la muerte del presidente de la Junta de Acción Comunal de la Rula.

Esta comunidad que se reconstruye a sí misma, quiere que el país conozca su historia y poder restablecer sus derechos. Ha vencido el miedo y se ha reunido después de muchos años como colectividad y ahora emprendió el camino para lograr ser reconocidos por el Estado como sujetos de reparación colectiva, con el apoyo de la Personería Municipal.

“Hoy nos sentimos muy agradecidos por las entidades que nos han acompañado como la Unidad para las Víctimas, estamos esforzándonos por sacar adelante nuestro territorio, hoy vemos una luz de esperanza y esperamos seguir contando con el gobierno nacional para retomar nuestros sueños y no se repita todo lo que hemos pasado, pedimos que no quede impune la verdad de nuestro territorio y nos incluyan en la ruta de reparación colectiva, este ha sido nuestro sueño de toda la vida”, expresó Wilton González, del corregimiento El Rayo.

Este acompañamiento por parte de la institucionalidad se ha representado mediante los procesos de retornos y reubicaciones, entre otros programas que los han beneficiado en su condición de víctimas del conflicto armado.

Por su parte, Delcy García, coordinadora de la mesa de víctimas manifestó que “el sector Sur ha cambiado mucho gracias al acompañamiento de las diferentes instituciones y gracias al trabajo de los líderes sociales y los comunitarios, queremos seguir avanzando”.

Ellos esperan, además de reconstruir su historia, tener un capítulo en la memoria del país, han iniciado con la recopilación de los relatos en video, de lo que fue el día de la masacre, cuando alrededor de las 5 de la mañana alrededor de 300 hombres armados irrumpieron en el sector sacando a las familias de sus viviendas y posteriormente los encerraron en la escuela, eran cerca de 48 personas las que, narran, serían las víctimas ese día, pero como cuenta Edwin Luna, presidente de la Junta de Acción Comunal, Alto de San Juan y sobreviviente de la masacre, “Nos encerraron desde las 5 de la mañana, ya ahí la señora Lucelly Miranda sufrió un aborto, tratamos de abogar para que al menos la atendieran a ella pero no se conmovieron. La orden era masacrarnos a todos, pero milagrosamente, por hostigamientos en otro sector se fueron dejando a alguien a cargo, esa persona nos liberó a algunos, corrimos hacia el monte, pero al regreso de quien estaba al frente le reclamó ya que la orden era matarnos a todos los 48 que habíamos ahí”.

Ante estos hechos, 64 familias y 376 personas tuvieron que desplazarse hacia la cabecera del municipio de San Pedro de Urabá, otros optaron por irse al departamento de Córdoba. A estos hechos se suman las afectaciones a sus convenciones políticas y pérdida de personería jurídica de las veredas, además de las formas de ejercer liderazgo de estas veredas.

Hoy las veredas Alto San Juan, La Rula, y el corregimiento del Rayo, no sólo conmemoraron los 18 años de la masacre, sino que están dispuestos a reconstruirse y alzar la voz para ser tenidos en cuenta ante las afectaciones sufridas por la ola de violencia que se exacerbó en toda esta región, razón por la cual lideran la iniciativa para que sus relatos y demás archivos hagan parte de la memoria del país y de los procesos de justicia y verdad que se circunscriben como una esperanza para emprender el camino de la verdad, la memoria y la reparación integral.

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